Un viaje de ida y vuelta de Gay Talese

okLa obra Los hijos, de Gay Talese, ha llegado con dos décadas de retraso a las librerías españolas. Maldita la decisión que nos ha hurtado esos años un libro excepcional. El escritor y periodista, e impulsor del nuevo periodismo, relata a través de la saga de su familia, nada menos que la unificación de Italia, la I Guerra Mundial, la aventura de los primeros italianos que buscaban un nuevo horizonte en EEUU, la II Guerra Mundial, la actitud de la comunidad italoamericana frente al papel del Duce en la contienda, la escasa resistencia de Francia a la invasión de Hitler, algo que avergüenza aún hoy a una gran parte del país galo. Son Historias e historias. Pero todas pasadas por el tamiz de los pequeños detalles, humanizándolas. Todas sus páginas derrochan emociones que llegan al lector. Los personajes son los abuelos, padres, tíos, primos de Telese, que dan relieve y profundidad a los acontecimientos históricos que relata. Es periodismo de primera, reporterismo de primera por su estilo y su tono.
Contar, simplemente contar; de modular el énfasis ya se encargan por sí solas las distintas acciones que el autor va narrando. Los hijos es un relato circular, en el que se encuentran y reencuentran personajes y escenarios. Con profusión de datos e información debidamente dosificados, Talese se sirve de la técnica de la novela para relatar hechos reales, constatables y emocionantes. Para el autor, escribir esta obra ha sido una experiencia liberadora; para el lector, un placer enriquecedor.

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SOS, una sociedad a la deriva

Maquetación 1Un deportista negro de élite es acusado de violar la hija blanca de un importante empresario. El equipo de fútbol al que pertenece el jugador pasa por una dificil  situación económica y ha contratado a un entrenador que ofrece garantías para dar mejores resultados en el marcador. Así que la junta directiva del club decide silenciar el suceso encubriendo al presunto violador. Que todo siga igual. El alcalde y los poderes fácticos de la ciudad también se conjuran para evitar el escándalo.  Pero el padre de la víctima no está dispuesto a aceptarlo. Idean un plan para que el padre cambie de opinión y contactan con un amigo empresario cercano a él ahogado por las deudas.  A cambio de hacer de anzuelo, el banco perdonará la millonaria hipoteca que pesa sobre su patrimonio. Pero, ¿se prestará a esta maniobra?

Es el dilema que plantea Todo un hombre, la segunda novela de Tom Wolfe, que publicó en 1998 y que recientemente ha vuelto a las librerías en una nueva edición.

Un relato con los trazos de un best seller ambientado en Atlanta, capital del estado de Georgia, una gran urbe sureña con vocación de ser una capital del norte, y que tiene una población polarizada entre blancos y negros, un territorio curtido en la lucha por los derechos civiles, donde la gente de color aprendió hace mucho tiempo que para su integración real en EEUU debe lograr la equiparación económica con los blancos. Eso sí, olvidando la justicia social y la igualdad de oportunidades.

El veterano escritor y periodista ha armado una ficción amena y fluida con personajes y situaciones que resultan tristemente cercanos. Esto es lo que hay. Y como decía la canción: ¡Oh qué gran circo, oh qué gran show!

 

 

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Canadá, a la vuelta de la esquina

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Philip Roth, Richard Ford, Cormac McCarthy , y en cuarto lugar Jonathan Franzen, son quizá las mejores voces de la literatura actual en EEUU.
Todas nuestras inquietudes y miedos están en sus obras. El individuo y la sociedad, más confrontados que integrados. Pincel muy fino para esbozar abruptos territorios. Pastoral americana, Canadá, La Carretera, Libertad, son algunos ejemplos.

Richard Ford incide en este aspecto en Canadá, su última novela. Dell, un adolescente emprende una nueva etapa de su vida en tierras canadienses, dejando atrás su pasado de EEUU, después de que sus padres han sido encarcelados por atracar un banco, y la hermana se ha marchado con su pareja. Ford comienza el relato explicando el porqué del atraco ¿Cómo pudo este matrimonio perpetrarlo? Después de estos pasajes, el autor mantiene el interés en los personajes y la historia moldeando un tono y una cadencia sólo identificables en las buenas obras que dejan un poso. “Primero contaré lo del atraco que cometieron nuestros padres…”. Así comienza el relato de Ford, que en manos de según qué escritor o “juntaletras” sería sólo la descripción fría, convencional y cronológica de una suceso. Sin embargo, Richard Ford eleva su texto mostrando capa a capa las interioridades de un microuniverso que resulta cercano y cálido. Eso sí, desprovisto de tragedia. La vida sin estruendos innecesarios.

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Otra forma de hacer poesía

cncLos poetas nos ayudan a llegar a donde la prosa no alcanza. Hay poetas de palabras y de imágenes. Entre estos últimos está John Alton. Se forjó en la época dorada de Hollywood en la década de los años 40, nutriéndose del cine expresionista alemán surgido 20 años antes. John Alton fue el director de fotografía de las primeras películas del cineasta Anthony Mann, que antes de consagrar su carrera al westerm experimentó con el cine negro. No son películas perfectas, pero tienen la vocación de buscar nuevas experiencias (T-Men, 1947- Raw deal, 1948- He walked by night, 1948- Border incident, 1949- Devil’s doorway, 1950). Todas  tienen frescura, osadía y claroscuros . El tándem Alton-Mann creó escuela, otra forma de hacer, otra forma de hacer poesía.

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Los gritos y los ecos (I)

1336028400148munch-detallednEl grito, de Munch, es la máxima representación de la angustia  del ser humano ante lo desconocido. Lo pintó a finales del siglo XIX y marcó el movimiento expresionista alemán de las primeras décadas del siglo XX. La atormentada vida personal del artista fue la inspiración de este lienzo. Luego vendrían los movimientos artísticos “El Puente” y “El jinete azul” con el mismo nexo de unión: expresar con intensidad lo que sientes por encima de la objetividad. Sin temor a deformar la realidad. Con estas premisas, artistas plásticos de diversas disciplinas señalaron lo que se venía encima, la Gran Guerra. El horror.

Más tarde y concluida la contienda bélica, vendría la traslación del expresionismo a la escena, primero en el teatro y luego en el cine. Max Reinhard llevó la iniciativa. La alienación y la  deshumanización de la sociedad contemporánea nutrían los trabajos de estos creadores.  La iluminación jugaba con las sombras y la puesta en escena pasó del pedazo de tela a los decorados distorsionados y con entornos sombreados, creando junto con el maquillaje una atmósfera inquietante. El gabinete del doctor Caligari, dirigida en 1920 por Robert Wiene, es la primera película que abre este movimiento alemán en el cine.  La cinta pretende mostrar la manipulación del pueblo por el poder. El doctor Caligari hipnotiza a su ayudante Cese para cometer crímenes sexuales, una alegoría del  llamamiento a la guerra.

Los cineastas F. W.Murnau (Nosferatu, 1922)  y Fritz Lang  (La tres luces, 1921; Metrópolis, 1926) hicieron importantes aportaciones a este movimiento expresionista.

El nazismo acabó con todo. Muchos de estos artistas y cineastas emigraron a EEUU incorporándose a la industria de Hollywood. Sus aportaciones fueron extraordinarias. El cine negro americano no se entendería sin las aportaciones de estos grandes cineastas procedentes de Centroeuropa.

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¿Algo nuevo bajo el sol?

cero_cero_ceroEstado de Sinaloa, México. Epicentro actual de la gran economía sumergida mundial. Los beneficios del imperio de la coca son colosales y una vez lavados cotizan en la City londinense y Wall Street, en EEUU. La coca gobierna el mundo, repite Roberto Saviano en las sucesivas entrevistas de promoción de su último libro, Cero Cero Cero, un torrente de información sobre el negocio del narcotráfico. Demoledor.

 

 

 

Primer capítulo de Cero Cero Cero

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Como fieras enjauladas

baby janeBette Davis  versus Joan Crawford. Envidia, celos y odio. Maldad recíproca y continuada en el tiempo,  en la vida real y en la pantalla. El director Robert Aldrich supo aprovechar al máximo  la química explosiva de ambas juntándolas en la película ¿Qué fue de Baby Jane?, de 1962. Las dos estaban en el aparente ocaso de sus carreras por aquello de la edad: Davis, 54 años; Crawford, 57 años. Esta cinta es uno de los grandes clásicos de Hollywood injustamente olvidada.  Es un disfrute para el espectador ante este duelo de semejantes damas. La intensidad interpretativa traspasa la pantalla. Una amarga y realista reflexión sobre lo efímero del éxito.

La película cuenta la historia de dos hermanas actrices con sus vidas rotas por sus carreras truncadas en el cine. Bette Davis encarna a Baby Jane, que fue una niña prodigio que no supo prolongar su talento en la madurez y es olvidada por el  público. Mientras, su hermana Blanche, interpretada por Joan Crawford, vivió su infancia carcomida por los celos y la envidia viendo triunfar a su hermana pequeña. Luego Blanche triunfó como actriz, pero un extraño accidente de tráfico la obliga desde entonces a ir en silla de ruedas, teniendo que abandonar la interpretación. Las dos vivirán juntas y se  echarán en cara el rencor que llevan dentro…

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Todo un género, la novela negra (II)

9788490061701_300x442Raymon Chandler superaba los 50 años cuando creó a su alter ego, el detective Philip Marlowe. Un personaje íntegro, honesto, solitario empedernido, desencantando con el mundo, sarcástico, irónico, amante fugaz de mujeres imposibles, legal, bebedor, amargamente romántico y con una ética y moral innegociables, aunque su actitud le deje cicatriz. Marlowe representa lo que su autor anheló toda su existencia. Marlowe es libre y auténtico hasta el final. Cueste lo que cueste. La ficción nos salva de la mediocridad. Chandler, como cualquier hijo de vecino en la vida real, es sólo un superviviente de los azares de la vida.

El escritor, a consecuencia del divorcio de sus padres, emigró de pequeño con su madre a Europa, donde recibió una sólida formación académica. Más tarde volvió a EEUU, tuvo diversos oficios pero ninguno colmaba sus aspiraciones. Cuando trabajaba de ejecutivo en una empresa petrolífera, el alcohol arruinó su reputación y valía hasta que lo despidieron. Entró en el mundo de la literatura para ganarse la vida. Comenzó colaborando en la revista Black Mask, especializada en historias de policías y ladrones. Entonces Chandler tenía como referencia al autor de la novela negra americana por excelencia, Dashiell Hammet. Pero Chandler logró superarlo. Para ello se autoimpuso una severa disciplina en la creación de sus relatos, fue perfeccionando la técnica y su extraordinaria habilidad en la fluidez de sus relatos, cargados de atmósferas sugerentes que trasladan al lector adonde le apetece el autor sin aparente esfuerzo. También aporta humor, calidez y humanidad a los escenarios más dantescos. Creó a Philip Marlowe dando los primeros pasos en relatos cortos, hasta que en 1939 publicó El sueño eterno, la primera novela de un total de siete de la serie. Luego vinieron sus tres mejores obras Adiós, muñeca (1940); La mujer del lago (1943) El largo adiós (1953). Además, La ventana alta (1942) La hermana pequeña (1949), Playback (1958). Todos ellas están pobladas por hombres y mujeres con y sin escrúpulos, políticos sin ética, magnates del periodismo plegados al poder. Raymond Chandler levanta la alfombra que oculta la podredumbre de la sociedad contemporánea, aparentemente civilizada y democrática.

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Todo un género, la novela negra (I)

Dashiell Hammett fue el padre de la novela negra en EEUU, pero Raymond Chandler remató la faena, dando una dimensión más humana  a los personajes de los relatos. El primero fue un hombre que se hizo a sí mismo, el segundo tuvo una nutrida formación académica en Europa. Caminos divergentes que confluyen en la base de la novela negra universal. Luego vino una larga cola de escritores que, con más o menos fortuna, emularon su estilo. Es cierto que Agatha Christie, Conan Doyle y Edgar Allan Poe abordaron el género antes, pero Hammet y Chandler dieron un paso más. Ambos contextualizaron sus historias para hablar de los males de la sociedad actual. El abuso del poder, la corrupción, la codicia, la impunidad, en fin, uno echa un vistazo al periódico de hoy y el tiempo parece que no ha pasado. Todo sigue igual, pero, eso sí, con una tecnología más puntera.

Hammet abandonó los estudios a temprana edad por necesidades familiares, trabajó de chico para todo por salarios ínfimos, participó en la I Guerra Mundial, contrajo la tuberculosis quedando su salud tocada ya de por vida. Entró a trabajar en una agencia de detectives, donde encontró la materia prima de su futura carrera literaria. Comenzó a escribir sus relatos cortos en una revista barata y luego probó con la novela. Comunista convencido publicó primero Cosecha Roja (1929), ambientada en una pequeña ciudad minera controlada por bandas mafiosas. Hollywood vio en  Cosecha roja una metáfora de las profundas fisuras del capitalismo más desalmado, por lo que desechó la versión cinematográfica. Pero esto no impidió llevar a la gran pantalla otra novela mítica de Hammet, El Halcón Maltés, que inauguró en 1941 en EEUU el irrepetible género de cine negro.

La excelsa creatividad literaria de Dashiel Hammett duró sólo cinco años, de 1929 a 1934. La crisis económica de aquel momento fue su principal motor. Después fue incapaz de mantener el ritmo y el estilo. De cualquier modo, a él le debemos personajes inolvidables para dar forma a sus relatos: el detective Sam Spade, el agente de la Continental y la pareja de investigadores Nick y Nora Charles.

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Sin olor a sacristía

Fueron los pobres los que crearon dos importantes señas de identidad de Málaga, El Cautivo, que ha cumplido este mes 75 años, y el Chiquito. Ambos iconos arrastran a miles de devotos en un ceremonial que va mucho más allá de lo religioso y el olor a sacristía. Son claras expresiones del fenómeno universal de la cultura de la pobreza, de la que teorizó en la década de los 60 el antropólogo norteamericano Oscar Lewis.

Cuando en Málaga se planteó hace ya muchas décadas expandir la ciudad a costa de derribar las viviendas y los corralones de El Perchel y la Trinidad, así como reubicar a sus vecinos en otros puntos de la ciudad, los afectados, gente humilde y con serias limitaciones para prosperar, al verse impotentes, decidieron reivindicarse. Acordaron marcar en su territorio sus señas de identidad, a ver qué político era capaz de doblegarlas: el Chiquito en el Perchel y el Cautivo en la Trinidad. Tienen el empuje de la desesperación.

Oscar Lewis estudió de cerca a los pobres de Nueva York, Lima y México siguiendo de cerca cómo se adaptaban a la urbe. A las conclusiones de este informe, que puedes leer aquí, las llamó La cultura de la pobreza, y son perfectamente extrapolables a cualquier parte del mundo, donde los más débiles dedican sin tregua sus energías a sobrevivir en el entorno urbano. Se tienen incluso que inventar a sus dioses para que los protejan.

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